Entre manotazos y codazos.
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Creatividad
decadente o casi nula, es la consecuencia de una campaña que ya empezó
a rayar en una monotonía de malos atisbos y que nos lleva a la promesa
en ciernes de que no podremos cambiar la historia en este otro periodo.
Por: Antonio Moran del Cid Jervin Gonzalez Corresponsal/Fotografía Esta pareciera ser la confirmación de la esencia de una política partidista, donde todo tiene que terminar a base de trancazos, cuando el protagonismo de los candidatos, recae en la ambiciosa pretensión de querer ser y de poder existir, pero solo ellos en la calidad de dioses que se han ido perdiendo en el espacio y sin rumbo alguno, solo esperan chocar entre ellos, pues aunque no quieran, ya se dieron cuenta que están en una corriente más fuerte que ellos y de nada sirve que lleven el control, ya que la misma inercia, les marca el paso para enemistarse con cualquiera que se encuentre en el camino. Obviamente, lo que todos pretenden es lograr el poder y ese fin de tajo los sumerge en una profundidad de ansiedad, estrés, preocupación y miedo, pero hay algo más poderoso aún, el fracaso de ser dominados y anulados de una contienda electoral, que a estas alturas ya para muchos significa una lucha sin tregua y sin sentido, pero para los candidatos mismos significa una cuestión de orgullo, pasión y mucha vanidad, que es la peor de todos los vicios, pues la ambición de poder y dominio, aunado a la vanidad, se perfila una época de monstruosidades y corrupción. ¿Cuál es la verdadera situación que se vive al interno de los partidos políticos? Es así, como logran acercar a los candidatos y estos pobres ingenuos, se empiezan a llenar la cabeza de un miserable concepto de poder, pero aún así, los hace sentir especiales, más cuando los supuestos líderes de las roscas le empiezan a encubrir las verdades en cuanto a su verdadera situación y posición ante la población. Los candidatos empiezan a valorarse a través de la participación de la población en los famosos mítines y cuando encuentran a unos centenares de seguidores, se empiezan a entristeces, pues ellos ya se han acostumbrado a hablar ante multitudes de miles y no les importa si los han llevado en camiones o camionetas y al igual que la banda o los mariachis, no les importa mucho si ellos mismos saben que hablan ante multitudes compradas, pero es parte esencial de una vanidad, ya que tendrán la certeza de que sus oyentes, ni oyen, ni les interesa sus falsas promesas y que esperan mejores ofertas para que cuenten con el respaldo de su voto. El voto, no les preocupa tanto como la bulla, ya que sus competidores se fortalecen con las mismas herramientas y están siendo más conocidos que ellos mismos, es cuando se dan cuenta que no tienen elementos creativos para conquistar nuevas poblaciones, ni mucho menos insertarse en la conciencia social y ciudadana de toda una nación, no les queda otra cosa que empecinarse en crear acciones y reacciones en cuanto a la falsas promesas de los otros candidatos, sacándose cuanto trapo sucio se les conozca y aunque no se les conozca es necesario inventarlos y para ello, no hay ningún problema, pues para eso están los grupos de aduladores, que ya empiezan a ahogarse de la ansiedad de estar en los nuevos y gananciales puestos, pero al igual que el candidato, están con las manos vacías y sin ningún plan para gobernar. Esto es lo más risible de todo este entuerto electoral, ya que siguen pensando que ellos son los únicos pensantes en un pueblo de idiotas y que lo más importante es lograr sacarles el voto, aún con los espejitos que deslumbren la imbecilidad y no nos demos cuenta de la monstruosa ambición de poder que tienen todos en su mirada. Saltan de partido en partido, llevando un tanate de chismes y embustes para todo gusto y para toda ocasión, pero nunca presentan un proyecto de altura, donde las campañas puedan ser establecidas con plena conciencia y desarrollo social, entonces, sino cuentan con todas estas buenas herramientas para trascender a las generaciones futuras ¿Para qué optar a una postulación política? Vanidad de vanidades, todo es vanidad. |
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