Padre, el verdadero valor de un hombre.
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Pero no se trata de aquel que fecunda y sale huyendo, sino de aquel que asume, resguarda y protege sin importar los sacrificios, pues él sabe que es precisamente ésta acción, la que enriquece la Vida. Por Antonio Moran del Cid En memoria de mi Padre José Alfonso Morán Tánchez Definitivamente, ésta es la expresión justa, para poder cargar sobre los hombros, la figura que el hombre puede llevar como una semejanza con su Creador, que le da la oportunidad de poder cimentarse a través de la fundación de una familia que se fundirá en el crisol de una sociedad y que ésta se verá enriquecida por el aporte de los cimentados valores, que como familia pudieron producir. El concepto de Padre, se da con nuestro propio padre, es nuestra primera autoridad, nuestro primer cuidado y nuestra primera y constante protección, además de nuestro primer proveedor, que poco a poco nos va enseñando quién verdaderamente es el que le provee a él como Padre, que resulta siendo su padre, que es nuestro padre y que al final es Dios mismo. Luego, cuando hayamos avanzado en el camino de la vida, nos veremos en la misma situación de replicar el mismo modelo, como entendidos y contar con una relación plena con Dios, como nuestro Padre y Creador. Esto es lo que en pocas palabras pude ir absorbiendo, conforme el tiempo iba pasando y ver en mi propio padre, la cimentación de mi propia existencia. Un hombre verdadero, lleno de obligaciones y sacrificios, donde la prioridad fue siempre la cobertura de necesidades de los suyos, antes que las de él. Autoritario, cabeza de familia, sabedor de que la educación de los hijos era la herramienta esencial para la sobrevivencia del futuro, siempre lector, sediento de información, maravillado de la Creación, más de la belleza femenina, viejo sabio y que fui creyendo que era eterno, hasta que el crisol del dolor y de la muerte rigió su tiempo sobre esta tierra y volvió a la tierra y su esencia con su Creador. Hoy no es un recuerdo, es siempre vigente cuando veo a mis hermanos y me veo al espejo y en mi conciencia y lo veo a él, sabiendo que su mayor riqueza, está en nosotros como promesa y como heredad de lo que pudo plasmar, juntamente con Dios, en este maravilloso planeta que es la Tierra y que a mí en lo particular, solo me queda bendecirlo, amarlo y respetar su memoria para siempre. Vida para todos. |
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