| Las tormentas de los atormentados. |
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Como si las penas no bastaran, ahora vienen las aguas para
apaciguar el calor y posiblemente renovar la agonía que se vive, en los
embates de la cotidianidad y sin tomar en cuenta el lodo y los
aguaceros, esperamos un mundo mejor.
Por: Antonio Moran del Cid
Luego de soportar el tráfico y las malas noticias de los periódicos, lo peor aún no ha empezado y es cuando precisamente nos bajamos del bus y empieza a oscurecer cualquier esperanza al caer los primeros goterones de la tan esperada lluvia de mayo y nuestros lustrados zapatos caen en el charco más hondo por dar un saltito de rana en el primero, aforrándonos aún a la efímera esperanza de que todavía estamos secos y nuestra ropa aún continua planchada, hasta que el primer patán aparece con su carro y sin importar cuantas personas estén en el camino, pasa derrochando cualquier cantidad de mala educación y por supuesto del líquido venido del cielo y ensuciado por el suelo y nos queda la satisfacción de que todos al unísono lo coronamos como ímbecil cegatón, pero nos quedamos callados al verle le personalidad ausente y digo: ¿Qué se puede esperar?!!!
Una vitrina y la mirada de los resguardados, nos dan la mala noticia que ni los sanates visten así, como la caricatura de aquel enfermo por la limpieza, que no tiene tollas y que se puso la ropa de un solo intento y así vamos por la vida, como queriendo hacer el ridículo, pero con la esperanza de que tendremos momentos mejores y que ésta lluvia y todos los defectos y errores, no pueden durar cien años, por lo menos nosotros no lo veremos, esa es otra de las buenas esperanzas, pero lo que viene es otra de las luchas que se tienen que enfrentar, las risas con sorna que se permiten todos los compañeros al hacernos la pregunta tonta de “Te Mojaste”…
Una buena reparadora taza de café, nos anima
a seguir con vida y con la buena sintonía de hacer bien las cosas,
hasta que se empiezan a ver aquellas caras con el maquillaje lavado y
es cuando se piensa, que a todos nos queda muy, pero muy poco tiempo de
vida. Los píes siguen fríos y mojados, pero con los zapatos lavados,
el pantalón se ha secado, al igual que la camisa y la corbata y como
son las cosas que no se deben contar, uno sigue pensando en aquel
paraguas que está muy seco y bien paradito tras la puerta, pero
seguramente mañana lo traeré consigo, aunque no llueva, bueno eso dice
uno al estar pasando las penas, pero solo pasan y de seguro el paraguas
seguirá ahí el resto de la semana.
Al
ver la ciudad desde el balcón, ya cuando el ocaso del día se aproxima,
nos damos cuenta que todo el desbarajuste que tenemos la oportunidad de
ver, es simplemente el actuar humano, donde todos nos vamos
persiguiendo o correteando según nuestro particular nivel social y de
vida, donde los que más, son los que nos enteramos para vivir, mientras
tanto muchos van para la sobrevivencia y eso ya es otra situación, pero
no debemos perder las esperanzas de un mundo mejor y ese mundo empieza
a cambiar completamente en mi caso, cuando veo los ojos de mi amada y
me doy cuenta que son como agua para poder navegar eternamente.
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