viernes, 1 de noviembre de 2013

Las tormentas de los atormentados.

Las tormentas de los atormentados.  PDF Imprimir E-mail
Como si las penas no bastaran, ahora vienen las aguas para apaciguar el calor y posiblemente renovar la agonía que se vive, en los embates de la cotidianidad y sin tomar en cuenta el lodo y los aguaceros, esperamos un mundo mejor.




Por: Antonio Moran del Cid
Esperando como agua en mayo, es el dicho popular que nos empieza a decir que la paciencia tiene un orden establecido y que se puede ver reflejado en el orden de la naturaleza, todo en su tiempo y en su momento, donde las estaciones marcan las épocas y los colores, pero singularmente el invierno nos define como la necesaria purificación de las cosas y de todo lo existente, para detenernos un momento en la vida, aunque sea debajo de una cornisa para ver pasar el agua, con el tormento del por qué dejamos el paraguas olvidado tras la puerta.

Luego de soportar el tráfico y las malas noticias de los periódicos, lo peor aún no ha empezado y es cuando precisamente nos bajamos del bus y empieza a oscurecer cualquier esperanza al caer los primeros goterones de la tan esperada lluvia de mayo y nuestros lustrados zapatos caen en el charco más hondo por dar un saltito de rana en el primero, aforrándonos aún a la efímera esperanza de que todavía estamos secos y nuestra ropa aún continua planchada, hasta que el primer patán aparece con su carro y sin importar cuantas personas estén en el camino, pasa derrochando cualquier cantidad de mala educación y por supuesto del líquido venido del cielo y ensuciado por el suelo y nos queda la satisfacción de que todos al unísono lo coronamos como ímbecil cegatón, pero nos quedamos callados al verle le personalidad ausente y digo: ¿Qué se puede esperar?!!!

Una vitrina y la mirada de los resguardados, nos dan la mala noticia que ni los sanates visten así, como la caricatura de aquel enfermo por la limpieza, que no tiene tollas y que se puso la ropa de un solo intento y así vamos por la vida, como queriendo hacer el ridículo, pero con la esperanza de que tendremos momentos mejores y que ésta lluvia y todos los defectos y errores, no pueden durar cien años, por lo menos nosotros no lo veremos, esa es otra de las buenas esperanzas, pero lo que viene es otra de las luchas que se tienen que enfrentar, las risas con sorna que se permiten todos los compañeros al hacernos la pregunta tonta de “Te Mojaste”…

Una buena reparadora taza de café, nos anima a seguir con vida y con la buena sintonía de hacer bien las cosas, hasta que se empiezan a ver aquellas caras con el maquillaje lavado y es cuando se piensa, que a todos nos queda muy, pero muy poco tiempo de vida.  Los píes siguen fríos y mojados, pero con los zapatos lavados, el pantalón se ha secado, al igual que la camisa y la corbata y como son las cosas que no se deben contar, uno sigue pensando en aquel paraguas que está muy seco y bien paradito tras la puerta, pero seguramente mañana lo traeré consigo, aunque no llueva, bueno eso dice uno al estar pasando las penas, pero solo pasan y de seguro el paraguas seguirá ahí el resto de la semana.
Al ver la ciudad desde el balcón, ya cuando el ocaso del día se aproxima, nos damos cuenta que todo el desbarajuste que tenemos la oportunidad de ver, es simplemente el actuar humano, donde todos nos vamos persiguiendo o correteando según nuestro particular nivel social y de vida, donde los que más, son los que nos enteramos para vivir, mientras tanto muchos van para la sobrevivencia y eso ya es otra situación, pero no debemos perder las esperanzas de un mundo mejor y ese mundo empieza a cambiar completamente en mi caso, cuando veo los ojos de mi amada y me doy cuenta que son como agua para poder navegar eternamente.   

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