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| Escrito por Administrator |
| Jueves, 04 de Junio de 2009 16:09 |
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Ya
pasaron aquellos días, en que Ignacio Lula da Silva, pintara un futuro
promisorio como líder de las Américas y modelo para el mundo, como un
ejemplo a seguir, como un estratega de las nuevas visiones y misiones
del presente Siglo XXI.
Luego de participar en la investidura del nuevo Presidente de El Salvador, Mauricio Funes, extendió su visita a Guatemala, con motivo de respaldar políticamente al Presidente de Guatemala, Álvaro Colón, con respecto al escándalo vivido por el asesinato del Abogado Rodrigo Rosenberg. Y es aquí precisamente, donde empieza su desencanto, pues en un país altamente sensible y completamente desprotegido, victimas de la violencia, la pobreza, la desnutrición, además de los grandes problemas que acoge el mundo de hoy, nos pone en una situación realmente desfavorecida como país, como pueblo y como nación, pero para Lula, su visita significó una terrible sorpresa al valorar y poner los píes sobre estas tierras de sobrevivencia, con una exorbitante cantidad de 99 millones de dólares por seis simples aviones militares, con ningún sentido, pues ni en guerra estamos, ni tampoco estamos con la urgencia de transportar grandes cantidades de efectivos militares a ninguna zona del territorio, aunque oigamos la ironía de que saldremos de la deuda dentro de pocos doce años. Como buenos políticos, se empezó con la respectiva bienvenida oficial, saludo de los altos mandos y entre mandatarios, luego el mejor de los hoteles, con su bien sabido resguardo y seguridad, las calles despejadas para su paso, la colocación de la rosa de la paz, con el buen ánimo de no soliviantarla y concluir con un almuerzo sencillo, en uno de los comedores solidarios, establecido por el presente gobierno que pretende ser de solidaridad. Definitivamente, la acción política de estar en los lugares de necesidad, obviamente es lo que se debe hacer, pero lo que nunca debió haberse hecho, es negociar un producto innecesario en tales tiempos de crisis y no darse cuenta de las grandes necesidades que tiene el país y que de tajo, unos comedores solidarios no son, ni serán la solución a la problemática nacional. Al pensar en esa gran cantidad de millones de quetzales, puestos en tan miserable número de aviones, comparado con el número de escuelas, hospitales, o incluso en las refacciones escolares o la creación de cordones fronterizos para el verdadero control de las enfermedades, contrabando de lo inimaginable, el cuidado de nuestros bosques y mantos acuíferos, uno empieza a pensar mal, o que las mismas autoridades ya perdieron la perspectiva de una realidad social y lo peor de todo, que las partes fiscalizadoras del buen actuar, descubran que se pueden callar y no hacer nada al respecto, entonces empiezo a pensar que los locos somos nosotros por darnos cuenta de lo que está pasando. Por lo anterior, lo único que podemos decir es: “Muchas gracias Lula El Grande, por darnos la oportunidad de conocer nuestras realidades, aunque estas lecciones nos hubieran costado menos al comprar un libro de motivación y no endeudarnos más, en la crisis que se está viviendo, ya habíamos tenido una experiencia similar con el movimiento fanático Pare de Sufrir y que por cierto, al igual, después de la ofrenda, se fueron del país” Con los niveles de susceptibilidad en el que nos encontramos, nos estamos convirtiendo en compradores compulsivos de cualquier cosa, con la idea de que nos van a servir en cualquier momento, más ahora que ya empezó el invierno, está bien, con solo que no se les ocurra convertirlo en infierno, pues para malas situaciones, ya tenemos suficientes. ¿Hasta cuando entonces, apreciados lectores? |
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