| ¡Adiós para Siempre, mi querido Tachuela! |
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Como un suspiro la Vida, el tiempo llegó y dijo inmisericorde: “Hasta aquí llegaste patojo, es necesario volver con tu Creador, que es mi Creador”.
Por Antonio Moran del Cid
En Memoria de mi Amado Hermano Juan Carlos.
Sí la Vida me hubiera contado los pesares que se sufren, al perder a
un Ser Amado, desde un principio y no hasta el final, bien podría haber
aprovechado más el tiempo con mi gente, haciéndolos sentir que en
realidad, la vida misma no es uno solo, sino está repartida entre la
misma sangre y la misma carne, que son precisamente los hermanos.
Desde siempre, éste que yo miraba como mi constante competencia, el que no me dejaba ni un momento, pues iba tras mis pasos, que no me podía permitir que estuviera rezagado en los estudios, al que le restregaba en el rostro mis notas de excelencia y él también.
Mi hermano Juan Carlos, experimentamos juntos nuestras propias trompaceadas y nuestras propias cinchaceadas, al recibir la corrección y luego la risa burlona de que me habían pegado más… invitación obligada para un segundo pleito, en la primera oportunidad. Un día, cuando aprendí y descubrí las dimensiones del cielo y del universo, quise hacer ostentación de gran conocimiento y le pregunté: ¿Hasta donde llegaba el Cielo? Respondiéndome de inmediato, sin mayor asombro, “El Cielo llega hasta donde termina el poste”.
Este chaparro cabezón, que los malévolos de mis tíos, le pusieron el sobrenombre de Tachuela, Dios me permitió verlo crecer y transformarse de infante a niño y de pre-adolescente a adolescente, hasta en un verdadero hombre aferrado a sus raíces, que partían de nuestra propia familia. El sobre nombre de ese tipo de clavo, duró poco, pues solo quedó como un paso inteligente para ganar una batalla intelectual, pues los timbones de mis tíos, hacían broma de todos, menos de ellos mismos y nosotros que aún no habíamos aprendido la palabra timba, hasta mucho más tarde, pero que no nos sirvió, pues el respeto para nuestros mayores era muy grande, empezando por el trato, no de Vos, ni de Tú, sino de Usted.
Aprendimos de siempre a compartir lo nuestro, también aprendimos hacer alianzas para que se cumplieran los objetivos de tener zapatos nuevos, mientras uno platicaba de dicha necesidad, el otro mostraba a nuestro Padre, el zapato goleador, que ya dejaba ver un dedo, resguardado por el remendado calcetín.Luego respetándonos nuestras posiciones de hermanos y aprendiendo juntos las circunstancias que venían con la vida.
La inserción de nuestro hermano Edgar, vino a destantearnos el negocito, pero rápido aprendió las normas y el código de honor, para salir adelante, ahora las trompaceadas eran por orden de estatura y los encantos del más pequeño, hacían que casi de inmediato fuéramos desplazados, pero eso también era un buen motivo para la siguiente pelea. Prácticamente, nuestro mundo era nuestra casa, nuestros padres, nuestras tres hermanas y nosotros tres, que de pronto se empezó a desintegrar, cuando sencillamente mi padre ya no resistió el cáncer de hígado y nosotros en medio de la tristeza, empezamos a resistir el hambre. Mi mundo, nuestro mundo, la vida, nuestra vida, se empezó a derrumbar, como una señal de que nuestros caminos se estaban preparando para empezarlos a caminar, sin saber a donde nos conducirían, pero si sabíamos que cada paso y cada vez, era mucho más difícil y que mientras más lejos, más separados.
El dolor más profundo, que nos marcó a todos para siempre, fue la inmediata muerte de nuestra Madre, donde Juan Carlos no tuvo oportunidad de verla, ni enterarse, hasta cuando ya era muy tarde, ese dolor nunca lo abandonó, en su misma intensidad, en realidad no nos abandonó a ninguno de los seis, solo que los demás logramos asimilarlo de poco en poco, pero en mi hermano Juan Carlos, esta esencia le enseñó de tajo, los elementos sagrados sobre la vida misma, el amor, la familia y la existencia, logrando tener un hijo, que era toda su vida y su cimiente, maravillado por trascender su existencia y sorprendido por los rasgos tan parecidos a todos nosotros. En una época de su vida, anduvo destanteado, buscando respuestas a lo perdido para siempre. Con una edad madura, le pregunté sobre Dios y él con sumo respeto y cuidado, me aseguró que Dios tiene su tiempo y sus propósitos.
Como queriendo salir de todos los pesares, dedicándose a sobrevivir en este país tan nefasto y a la vez, tan maravilloso, hace una semana, lo nefasto llegó, por medio de una estúpida y oscura mara, de aquellas mentes aberradas y mezquinas, que se atreven a entorpecer los destinos de Dios, le pidieron el infame impuesto y mi hermano, como no llegó a la cantidad requerida, le quitaron la vida irreverentemente, haciéndolo victima de la injusticia y merecedor de llegar al seno de Dios.
Hoy, Amado Hermano, quiero darle gracias infinitas a Dios, por haberme dado la oportunidad de compartir con vos mi vida y la vida misma, pues Dios no incurre en errores, sino todo lo hace perfecto y el tenerte entre nosotros fue una gran bendición.
Y aunque te duela el nombrecito, querido Tachuela, el dolor que dejas en nuestras vidas y nuestros corazones es sumamente profundo y para siempre, ya estoy viendo tu sonrisa al volvernos a encontrar, según las promesas de Dios, que llegaste primero, Ahí nos vemos.
Paz para siempre.
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