sábado, 2 de noviembre de 2013

La crisis financiera, un dolor difícil de ocultar.

La crisis financiera, un dolor difícil de ocultar. PDF Imprimir E-mail
Domingo, 26 de Octubre de 2008 21:44
La crisis financiera, un dolor difícil de ocultar.
Los horrores que se provocan en cualquier lado del mundo, cuando se levantan pueblos contra pueblos, traen consigo sus propias secuelas y Estados Unidos de Norte América no es la excepción, tras haber vivido la tragedia del 9/11, que dejó dolor, muerte y una triste realidad, la debilidad financiera.
Obviamente, una realidad que traspasa las fronteras y que se podrá reflejar en todos los continentes, donde las condiciones monetarias no suplirán los objetivos adquisitivos a corto y a mediano plazo, ya que los sistemas financieros ya no pudieron soportar más con los estándares existentes y se tuvo como resultado un rápido deterioro en los sistemas de respaldo, en las tazas de interés, nunca antes vistas en su historia y en las hipotecas aseguradas.  Haciendo evidente un juego sin sentido entre conceptos como Banca, globalización, marketing financiero y cierre de balances de operaciones.  
Un Vector que corrió con fuerza, contagiando y desestabilizando cualquier sistema financiero que determinó la crisis del 2007, en el mercado interbancario, que no hizo otra cosa que hacer caer cualquier tipo de mascarada e inmadurez en el propio resguardo de activos en el mundo financiero y que además, acarreó grandes obligaciones de corto plazo, un riesgo a todas luces, sin contar con   la famosa burbuja inmobiliaria que no correspondía a ninguna de las realidades expuestas, ni mucho menos a la transparencia respectiva.
Tenemos entonces, una realidad embrutecida con los juegos bancarios que nos llevan a una diversidad de crisis y empobrecimientos enloquecidos en las caídas en precios de activos, como es el caso de la presente crisis que se refleja en el precio de la vivienda y en el PIB.
Y como cualquier situación que hemos permitido que se nos escape de las manos, como la recesión que se vislumbra en el camino, tendremos como resultado un mayor desempleo, un menor crecimiento, así como el estancamiento de las benditas remesas y las menores exportaciones, aunque les pongamos un precio de subsidio.  No venta, no flujos de capital, los riesgos mucho más moderados y todo esto, nos lleva al establecimiento real de un orden en cuanto a las políticas económicas de nuestro país y que obliga al ajuste del presupuesto en cuanto a los ingresos verdaderamente disponibles dentro del déficit fiscal del 1% del PIB, priorizando el gasto con el fin de un mayor impacto social y económico, según programas que reflejen el costo y el beneficio y por supuesto, lograr la efectividad fundamental para mejorar la calidad del gasto público, pues no está la virgen para tafetanes.

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