| La crisis financiera, un dolor difícil de ocultar. |
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| Domingo, 26 de Octubre de 2008 21:44 |
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La crisis financiera, un dolor difícil de ocultar.
Los horrores que se provocan en
cualquier lado del mundo, cuando se levantan pueblos contra pueblos,
traen consigo sus propias secuelas y Estados Unidos de Norte América no
es la excepción, tras haber vivido la tragedia del 9/11, que dejó dolor,
muerte y una triste realidad, la debilidad financiera.
Obviamente, una realidad que traspasa
las fronteras y que se podrá reflejar en todos los continentes, donde
las condiciones monetarias no suplirán los objetivos adquisitivos a
corto y a mediano plazo, ya que los sistemas financieros ya no pudieron
soportar más con los estándares existentes y se tuvo como resultado un
rápido deterioro en los sistemas de respaldo, en las tazas de interés,
nunca antes vistas en su historia y en las hipotecas aseguradas.
Haciendo evidente un juego sin sentido entre conceptos como Banca,
globalización, marketing financiero y cierre de balances de
operaciones.
Un Vector que corrió con fuerza,
contagiando y desestabilizando cualquier sistema financiero que
determinó la crisis del 2007, en el mercado interbancario, que no hizo
otra cosa que hacer caer cualquier tipo de mascarada e inmadurez en el
propio resguardo de activos en el mundo financiero y que además, acarreó
grandes obligaciones de corto plazo, un riesgo a todas luces, sin
contar con la famosa burbuja inmobiliaria que no correspondía a
ninguna de las realidades expuestas, ni mucho menos a la transparencia
respectiva.
Tenemos entonces, una realidad
embrutecida con los juegos bancarios que nos llevan a una diversidad de
crisis y empobrecimientos enloquecidos en las caídas en precios de
activos, como es el caso de la presente crisis que se refleja en el
precio de la vivienda y en el PIB.
Y como cualquier situación que hemos
permitido que se nos escape de las manos, como la recesión que se
vislumbra en el camino, tendremos como resultado un mayor desempleo, un
menor crecimiento, así como el estancamiento de las benditas remesas y
las menores exportaciones, aunque les pongamos un precio de subsidio.
No venta, no flujos de capital, los riesgos mucho más moderados y todo
esto, nos lleva al establecimiento real de un orden en cuanto a las
políticas económicas de nuestro país y que obliga al ajuste del
presupuesto en cuanto a los ingresos verdaderamente disponibles dentro
del déficit fiscal del 1% del PIB, priorizando el gasto con el fin de un
mayor impacto social y económico, según programas que reflejen el costo
y el beneficio y por supuesto, lograr la efectividad fundamental para
mejorar la calidad del gasto público, pues no está la virgen para
tafetanes.
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