La honestidad, el verdadero camino de la verdad.
| La honestidad, el verdadero camino de la verdad. |
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| Sábado, 24 de Enero de 2009 14:04 |
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En
el ir y venir del continuo castigo político, donde todos se miran a la
cara, pero no a los ojos, nos toca a todos los guatemaltecos empotrarnos
en un solo lugar y observar los desniveles de honestidad, con los que
las más altas y bajas castas de la gobernabilidad se enfrentan
Y
deciden la no negociación por esa vía, la cual no les permite la
libertad de poder conseguir sus más horrendas y mezquinas ambiciones.
La
gracia de todo esto es ver la forma de cómo van surgiendo elementos más
atroces que el anterior y como van cubriendo los más viles movimientos,
con otro peor que la del vecino de enfrente. Cómo dentro de la brutal
asamblea de malabares, todavía pretenden salir adelante y sin ninguna
mancha y lo peor aún, quieren vestirse de grandes paladines de la
justicia y regresar a las grandes metodologías democráticas, que
solamente le son útiles a unas miserables y antojadizas minorías
especializadas en sacar partido de cualquier oportunidad que tengan, por
parte de cualquier ingenuo que esté en la incipiente tarea de realizar
una carrera en el mundo de la política.
Hemos
visto el cinismo con el que cuentan para enfrentar las difíciles y
vergonzosas realidades de la corrupción, las grandes e inauditas
transferencias millonarias a empresas con supuestos herrajes
financieros, que empiezan a revelar grandes realidades, pero no grandes
verdades, pues se sabe que en el mundo político, lo horrible no se tiene
que dejar de ver, sino solamente hasta el final, donde el causante
nunca salga damnificado, sino que sean los aún más ingenuos y
ambiciosos, lo que tengan que dar la cara, pero no las respuestas a tan
significativa farsa, donde la oposición siempre sea la más bullanguera,
mientras no se les encuentre el lado más débil y acallarlos dentro de
los mismos niveles pobremente corruptos.
Lo
peor de todo es que tienen que legislar, para que cualquier funcionario
rinda los pormenores del actuar dentro de su función, como si no fuera
harta obligación ofrecer constantemente las realidades y no que por
medio de un mero trámite, tener que solicitar la tan escondida
información, haciéndola parecer como una brutal mentira.
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