sábado, 2 de noviembre de 2013

La honestidad, el verdadero camino de la verdad.

La honestidad, el verdadero camino de la verdad.
La honestidad, el verdadero camino de la verdad. PDF Imprimir E-mail
Sábado, 24 de Enero de 2009 14:04
En el ir y venir del continuo castigo político, donde todos se miran a la cara, pero no a los ojos, nos toca a todos los guatemaltecos empotrarnos en un solo lugar y observar los desniveles de honestidad, con los que las más altas y bajas castas de la gobernabilidad se enfrentan
Y deciden la no negociación por esa vía, la cual no les permite la libertad de poder conseguir sus más horrendas y mezquinas ambiciones.

La gracia de todo esto es ver la forma de cómo van surgiendo elementos más atroces que el anterior y como van cubriendo los más viles movimientos, con otro peor que la del vecino de enfrente. Cómo dentro de la brutal asamblea de malabares, todavía pretenden salir adelante y sin ninguna mancha y lo peor aún, quieren vestirse de grandes paladines de la justicia y regresar a las grandes metodologías democráticas, que solamente le son útiles a unas miserables y antojadizas minorías especializadas en sacar partido de cualquier oportunidad que tengan, por parte de cualquier ingenuo que esté en la incipiente tarea de realizar una carrera en el mundo de la política.

Hemos visto el cinismo con el que cuentan para enfrentar las difíciles y vergonzosas realidades de la corrupción, las grandes e inauditas transferencias millonarias a empresas con supuestos herrajes financieros, que empiezan a revelar grandes realidades, pero no grandes verdades, pues se sabe que en el mundo político, lo horrible no se tiene que dejar de ver, sino solamente hasta el final, donde el causante nunca salga damnificado, sino que sean los aún más ingenuos y ambiciosos, lo que tengan que dar la cara, pero no las respuestas a tan significativa farsa, donde la oposición siempre sea la más bullanguera, mientras no se les encuentre el lado más débil y acallarlos dentro de los mismos niveles pobremente corruptos.

Lo peor de todo es que tienen que legislar, para que cualquier funcionario rinda los pormenores del actuar dentro de su función, como si no fuera harta obligación ofrecer constantemente las realidades y no que por medio de un mero trámite, tener que solicitar la tan escondida información, haciéndola parecer como una brutal mentira.

La honestidad, no sería en este caso la malogra, sino la realidad de querer hacer bien las cosas ¿Quién generando verdades, se viste de mentiras?  

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